Grutas de Cacahuamilpa: salones de piedra bajo la sierra de Guerrero
Las Grutas de Cacahuamilpa guardan salones de hasta 70 metros de alto y dos ríos subterráneos en Guerrero. Su historia, el recorrido y cómo llegar.
Por Xóchitl Manzanares
Basta bajar los primeros escalones para que el aire cambie. El sol de Guerrero se queda arriba, entre los cerros cubiertos de selva baja, y abajo todo huele a piedra húmeda y a tierra mojada. Una gota cae en algún lugar de la oscuridad y su eco tarda en apagarse. Entonces se encienden las luces y aparece la primera bóveda: columnas de caliza color ocre y gris, cortinas de roca que parecen de cera derretida y un techo tan alto que la vista se pierde. Así recibe a sus visitantes el Parque Nacional Grutas de Cacahuamilpa, uno de los sistemas de cavernas más impresionantes de México.
Las grutas están al norte de Guerrero, en los municipios de Pilcaya y Taxco de Alarcón, y fueron declaradas parque nacional el 23 de abril de 1936 por el presidente Lázaro Cárdenas. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) registra una superficie de 1,600 hectáreas. El nombre viene del náhuatl y, de acuerdo con el programa de manejo del parque, significa «en la sementera del cacahuate». Hoy el sitio se administra localmente con la participación de las comunidades de Cacahuamilpa, El Transformador y Crucero de Grutas.
Una historia que empezó con un fugitivo
Los pobladores de la zona conocían la cueva desde siempre, pero su fama llegó por un episodio digno de novela. Según el programa de conservación y manejo publicado por la Conanp, en 1834 los vecinos dieron refugio en la gruta a un acaudalado propietario de Tetecala que se escondía de la justicia; el suceso corrió de boca en boca y comenzaron a llegar curiosos. Un año después, en 1835, el barón de Gros, secretario de la delegación francesa, organizó la primera expedición científica para explorarla.
La visita como la conocemos hoy tomó forma en el siglo XX. Las bancas y las escaleras que bajan al primer salón se construyeron por orden de Lázaro Cárdenas, y entre 1967 y 1970 se tendió un andador de concreto de más de dos kilómetros, con barandales y luces de paso, que fue inaugurado en febrero de 1970. Gracias a esa obra, cualquier persona con buena condición puede recorrer el corazón de la montaña sin equipo especial.
Qué ver en el recorrido por las Grutas de Cacahuamilpa
El recorrido turístico suma unos cuatro kilómetros, dos de ida y dos de regreso, y dura alrededor de dos horas. A lo largo del camino se atraviesan 19 salones que la tradición ha bautizado según las figuras que sugieren sus formaciones: el del Beso o de los Enamorados, el de la Aurora, el de la Trompa de Elefante, el de los Tronos, el de los Querubines, el de Dante y el de la Mujer Dormida, entre otros. La Conanp describe cámaras que van de los 20 a los 70 metros de altura; en la Plaza de Armas se levanta una columna de unos 20 metros de alto con 12 metros de diámetro en la base, formada gota a gota durante miles de años.
Cada salón tiene su historia. En el del Negrito se filmaron escenas de la película Macario, con Ignacio López Tarso, y en el de las Cortinas se refugian miles de murciélagos que se alimentan de frutas, insectos y néctar. En el Puerto del Aire, cuando los guías apagan el alumbrado, se alcanza a ver un destello de luz exterior al fondo de la galería. El trayecto termina en el salón de la Gloria y el Infierno, donde la iluminación deja adivinar en la roca la silueta de la Virgen de Guadalupe, una iglesia y el rostro del diablo.
Dos Bocas: los ríos que nacen de la montaña
Bajo el parque corren dos ríos subterráneos, el Chontalcoatlán, cuyas aguas nacen en la región del Nevado de Toluca, y el San Jerónimo. A unos trescientos metros de la entrada de la gruta, bajando por la izquierda, está uno de los paisajes más bellos del lugar: Dos Bocas, el punto donde ambos ríos salen de la montaña frente a frente y se unen para formar el río Amacuzac. En temporada de lluvias el caudal crece y forma rápidos que recorren los aficionados a las balsas. Afuera, la selva baja caducifolia se llena de verde en lluvias y en secas se vuelve un mosaico de troncos grises, jacarandas, tabachines, casahuates y ceibas, donde viven cacomixtles, tejones y mapaches.
Si te gusta combinar cuevas, montaña y pueblos con historia, la escapada encaja muy bien con un fin de semana en Tepoztlán, del lado de Morelos, y es una buena excusa para conocer más del arte guerrerense, como la laca de Olinalá. Y para quien colecciona paisajes protegidos, Cacahuamilpa es el contrapunto subterráneo de las pozas de Cuatro Ciénegas.
Cómo llegar y consejos para la visita
La Conanp ubica las grutas a 146 kilómetros de la Ciudad de México y a 68 de Cuernavaca. La ruta más directa desde la capital es la autopista México-Cuernavaca-Amacuzac; después se toma la carretera a Taxco y en el kilómetro 138 hay una desviación a la derecha que, en ocho kilómetros, lleva a la entrada. Según la ficha de visitantes de la Conanp, el parque abre todos los días del año y la cuota de derechos es de 125 pesos por persona al día; los servicios que ofrecen las comunidades, como guías, transporte o alimentos, se pagan aparte, así que conviene preguntar en taquilla.
El clima de la región es cálido, con lluvias de junio a octubre, y la Conanp recomienda la visita en cualquier época del año. Lleva calzado cerrado con buena suela, porque el andador puede estar húmedo, y algo ligero para abrigarte dentro de la cueva. No toques las formaciones, llévate tu basura y respeta a las comunidades, como pide la propia Conanp. Al salir, con los ojos todavía acostumbrándose a la luz, queda la sensación de haber caminado por las entrañas de Guerrero y de entender por qué este parque es un orgullo nacional desde hace 90 años.


