Talavera de Puebla: el azul cobalto que se sigue pintando a mano
La Talavera de Puebla se hace a mano desde el siglo XVI con barro, esmalte y azul cobalto. Conoce su proceso, su valor UNESCO y cómo reconocer una pieza.
Por Marisol Escandón
En un taller del centro de Puebla, el pincel se carga de azul y recorre despacio la superficie de un plato que ya pasó por su primera cocción. El esmalte de fondo no es blanco del todo, tiene un tono cálido, casi de leche, y sobre él el color se posa con un ligero relieve que, después del horno, podrá sentirse al pasar el dedo. En las repisas esperan jarrones, platones y azulejos a medio decorar, y el aire guarda el olor húmedo del barro. Así, trazo por trazo, se sigue haciendo la Talavera de Puebla, una de las artesanías más reconocibles de México.
Esta cerámica tiene sus antecedentes en la mayólica española y se elabora en la región de Puebla desde el siglo XVI. Con el paso de los siglos se volvió parte del paisaje de la ciudad: está en las vajillas de las casas, en los tibores de los patios y, sobre todo, en los azulejos que cubren fachadas, cúpulas y cocinas. Hablar de Talavera es hablar de la identidad poblana, pintada a mano.
Cómo se hace la Talavera de Puebla, paso a paso
Todo empieza con la tierra. La Norma Oficial Mexicana NOM-132-SCFI-1998 establece que la pasta se prepara con agua y dos tipos de barro, negro y blanco, extraídos de la zona geográfica protegida. Con esa mezcla, los alfareros dan forma a cada pieza en el torno o en moldes de yeso. Después viene una primera cocción y una revisión cuidadosa para separar las piezas que se agrietaron o rompieron, porque solo las que pasan esa prueba reciben el esmalte.
El esmalte base, que lleva plomo y estaño según fórmulas de la época virreinal, se aplica sobre toda la pieza. Encima se pinta la decoración a mano y, al final, el objeto vuelve al horno: la capa de esmalte se forma a temperaturas de entre 1,000 y 1,100 grados centígrados. De ese fuego salen las señas de identidad que la norma enumera: un esmalte que craquela, colores de bordes difusos, el azul en ligero sobrerrelieve y un cuerpo cerámico que va del color crema al naranja.
El azul cobalto, la firma de la Talavera
Si hay un color que define a esta artesanía es el azul. Se prepara con óxido de cobalto, y la norma incluso fija un mínimo: el pigmento azul debe contener al menos 2.06 por ciento de cobalto antes del horneado. Ese azul profundo convive con amarillos, verdes y otros tonos, pero es el que más se asocia con la Talavera poblana. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura destaca además que cada taller tiene una identidad propia, visible en los detalles de las formas, la ornamentación, los colores y los esmaltes.
Denominación de origen y Patrimonio de la Humanidad
Su valor también está respaldado por la ley. El 17 de marzo de 1995 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Denominación de Origen Talavera de Puebla, ajustada en 1997, que comprende los distritos judiciales de Atlixco, Cholula, Puebla y Tecali. La norma que fija sus especificaciones se publicó en noviembre de 1998 y entró en vigor en julio de 1999.
En 2019, la UNESCO inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad los procesos artesanales para la elaboración de la Talavera de Puebla y Tlaxcala, en una candidatura compartida con la cerámica de Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, en España. El organismo reconoce que, aunque hoy se usan tornos eléctricos, las técnicas de fabricación, esmaltado y decoración conservan el patrón del siglo XVI, y que ese saber se transmite de forma oral entre maestros y aprendices, en los talleres y en las familias.
Dónde ver Talavera en Puebla
El centro histórico es un museo al aire libre. En sus calles, la Casa de los Muñecos, una casona barroca del siglo XVIII que hoy alberga el Museo Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, luce en su fachada tableros de azulejos con figuras que dieron nombre al edificio; la tradición cuenta que fueron una burla del propietario hacia las autoridades que le impidieron construir más alto que el Ayuntamiento. Algunos talleres tienen una historia larguísima, como Uriarte, fundado en 1824, y en barrios alfareros como el de La Luz el oficio del barro se remonta a la época virreinal.
Si vas a comprar, conviene preguntar por la certificación del taller conforme a la denominación de origen, porque no todo lo que se vende como Talavera cumple con el proceso artesanal. Para las piezas destinadas a contener alimentos, la propia norma remite a los límites de plomo y cadmio establecidos por las autoridades de salud, así que vale la pena confirmar que el plato o la taza sean aptos para uso en la mesa. Una pieza auténtica tiene variaciones mínimas que delatan la mano que la pintó.
La Talavera es una de las muchas formas en que México se cuenta a colores. En México Lindo también te llevamos a Pahuatlán, donde se hace el papel amate, y te dimos ideas para decorar con cerámica mexicana sin saturar los espacios. Porque detrás de cada plato azul hay barro de Puebla, fuego y una mano paciente que lo pintó.


