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Cañón del Sumidero: murallas de mil metros sobre el Grijalva

El Cañón del Sumidero se recorre en lancha entre paredes de hasta mil metros, cascadas y cocodrilos. Cómo llegar desde Chiapa de Corzo y qué ver.

Por Redacción México Lindo 15 de octubre de 2026 Lectura: 4 min
Ilustración del Cañón del Sumidero en Chiapas: una pequeña lancha blanca navega por el río Grijalva, de agua verde esmeralda, entre altísimas paredes de roca gris cubiertas de selva, con una cascada blanca que cae a un costado y bruma al fondo
Imagen ilustrativa generada con IA

Por Xóchitl Manzanares

El motor de la lancha ruge un momento y luego se vuelve un murmullo frente a la inmensidad. A los pocos minutos de dejar el embarcadero de Chiapa de Corzo, el río Grijalva se angosta, el agua toma un color verde esmeralda y las paredes empiezan a subir hasta tapar medio cielo. Huele a río tibio y a vegetación mojada; las garzas blancas cruzan bajo la luz de la mañana y, en la orilla, un cocodrilo inmóvil se confunde con un tronco. Así comienza el Cañón del Sumidero, el paisaje que los chiapanecos llevan con orgullo hasta en el escudo de su estado.

El cañón es Parque Nacional desde el 8 de diciembre de 1980 y lo administra la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Se extiende por los municipios de Tuxtla Gutiérrez, Chiapa de Corzo, San Fernando, Osumacinta y Soyaló, con altitudes que van de unos 360 a 1,720 metros sobre el nivel del mar. La cifra que deja a todos con la boca abierta es otra: sus cantiles de roca caliza y basáltica alcanzan hasta mil metros de altura, labrados durante millones de años por el paso del Grijalva.

Qué ver en el recorrido en lancha por el Cañón del Sumidero

El paseo clásico dura alrededor de dos horas, entre ida y vuelta, y llega hasta la cortina de la presa Chicoasén, donde el río se vuelve embalse. En el trayecto, los lancheros se detienen en los puntos que todos quieren fotografiar. La Cueva del Silencio aparece como una boca oscura en la roca; la Cueva de Colores guarda ofrendas religiosas y debe su nombre a los tonos que el agua y los minerales han pintado en sus paredes. Más adelante surge la estrella del viaje: la cascada del Árbol de Navidad, una caída de agua que resbala en varios niveles sobre musgo y depósitos minerales hasta formar una silueta que recuerda a un pino gigante.

Hay que llevar los ojos bien abiertos, porque el cañón es refugio de fauna. La Conanp destaca al cocodrilo de río y al mono araña como especies representativas, y en sus fichas menciona también al hocofaisán, un ave que encuentra aquí uno de sus últimos refugios. Con suerte se ven monos colgados de las ramas en lo alto de las paredes, mientras zopilotes y garzas planean sobre el agua. Cuando el sol pega de lado, la roca cambia de gris a ocre y la selva que se aferra a los muros se ve de un verde casi luminoso.

Los miradores: el cañón visto desde arriba

Quien ya navegó el río debe completar la experiencia desde las alturas. Por el lado de Tuxtla Gutiérrez, una carretera escénica sube por el borde del cañón y pasa por cinco miradores: La Ceiba, La Coyota, El Roblar, El Tepehuaje y Los Chiapa, también conocido como Atalaya. Desde ahí, la lancha que antes parecía grande se ve como un punto blanco sobre una cinta verde, y se entiende la escala real de las murallas. Las guías turísticas de Tuxtla indican que los miradores suelen abrir de miércoles a lunes en temporada baja y todos los días en temporada alta, así que conviene confirmar antes de subir.

Si la naturaleza en estado puro es lo tuyo, este viaje dialoga bien con otros paisajes de agua que ya hemos recorrido en México Lindo, como las pozas de Cuatro Ciénegas en pleno desierto o los azules de la laguna de Bacalar. Y si te gustan las barrancas monumentales, el Sumidero es el contrapunto tropical de las vistas que regala el Chepe Express por la Sierra Tarahumara.

Chiapa de Corzo, la puerta de entrada

El punto de partida más popular es Chiapa de Corzo, nombrado Pueblo Mágico el 9 de octubre de 2012. Antes o después de la lancha vale la pena caminar a su plaza principal para ver La Pila, una fuente de estilo mudéjar construida en ladrillo rojo que, según el INAH, entró en funcionamiento en 1562. Es también la tierra de los parachicos, los danzantes de máscara de madera y montera de ixtle que protagonizan la Fiesta Grande de enero, tradición inscrita por la UNESCO en 2010 en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Cómo llegar y cuándo ir

Según la Conanp, Chiapa de Corzo está a unos 31 kilómetros del aeropuerto internacional Ángel Albino Corzo, que da servicio a Tuxtla Gutiérrez. En el pueblo operan varias cooperativas de lanchas con permiso, junto al malecón y en Cahuaré, en las afueras; las salidas se organizan conforme se llena cada embarcación y, de acuerdo con los prestadores locales, el servicio corre aproximadamente de las 8:00 a las 16:00 o 17:00 horas. Lo mejor es ir temprano, cuando la luz es suave y hace menos calor. En temporada de lluvias el Árbol de Navidad luce más caudaloso; en secas, el cielo suele estar más despejado para las fotos desde los miradores.

Lleva gorra, protector solar biodegradable y una chamarra ligera, porque en la lancha el viento sorprende. Respeta las indicaciones de los lancheros, no arrojes nada al agua y no alimentes a la fauna: el Sumidero es un área protegida y su belleza depende de que todos la cuidemos. Al regresar al embarcadero, con el ruido del motor todavía en los oídos y las murallas grabadas en la memoria, queda claro por qué este cañón es uno de los grandes orgullos de Chiapas.

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