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Misiones de la Sierra Gorda: barroco, selva y montaña en Querétaro

Recorre las cinco misiones de la Sierra Gorda, Patrimonio Mundial: fachadas barrocas con jaguares y sirenas, Jalpan, la reserva de la biosfera y cómo llegar.

Por Redacción México Lindo 11 de octubre de 2026 Lectura: 5 min
Ilustración de la fachada barroca de una misión franciscana de la Sierra Gorda en tonos ocre y amarillo, con relieves de flores y columnas, un atrio empedrado con cruz y montañas verdes cubiertas de neblina al fondo
Imagen ilustrativa generada con IA

Por Xóchitl Manzanares

La carretera federal 120 empieza a subir y el paisaje cambia de piel. Atrás quedan las cactáceas y los matorrales del semidesierto queretano; arriba aparecen pinos y encinos, y en las curvas de Pinal de Amoles la neblina puede cerrarse de golpe, tan blanca que borra el horizonte. Luego viene la bajada: el verde se vuelve más espeso, el aire más tibio, y en el fondo del valle surge Jalpan de Serra, con su plaza y una fachada color ocre salpicada de flores amarillas que parece encendida. Es la puerta de entrada a las misiones de la Sierra Gorda, cinco templos del siglo XVIII que la UNESCO inscribió en la lista del Patrimonio Mundial el 5 de julio de 2003.

La Sierra Gorda es una región montañosa que nace en el norte de Querétaro y se extiende hacia Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz y Tamaulipas. Sus alturas van de unos 300 metros sobre el nivel del mar, en el cañón del río Santa María, a cerca de 3,100 metros en el Cerro de la Pingüica. Desde el 19 de mayo de 1997, buena parte de ese territorio queretano es Reserva de la Biosfera: más de 383 mil hectáreas donde, según la Conanp, viven 333 especies de aves, 111 de mamíferos y las seis especies de felinos silvestres del país, entre ellas el jaguar.

Las misiones de la Sierra Gorda, Patrimonio Mundial

Durante casi dos siglos, pames, jonaces, ximpeces y huastecos resistieron a los conquistadores y misioneros que intentaban entrar a la sierra. A mediados del siglo XVIII, los franciscanos encabezados por fray Junípero Serra lo lograron con un método distinto: aprender la lengua de la gente, levantar los templos con mano indígena, repartir alimento y enseñar oficios. Así se levantaron, entre 1751 y 1768, las cinco misiones de Jalpan, Landa, Tilaco, Tancoyol y Concá. El INAH subraya que ese modelo sirvió después para la evangelización de las Californias, adonde Serra partió al dejar Querétaro.

Las cinco comparten un mismo lenguaje: atrio con una cruz al centro, capillas posas en las esquinas y portadas barrocas trabajadas en estuco. Ahí conviven columnas salomónicas y pilastras estípites con cortinajes, ángeles, santos y vírgenes, pero también con la fauna de la sierra, como jaguares, águilas y conejos, entre racimos de hojas y flores. En todas aparece el cordón franciscano y los dos brazos cruzados, uno indígena y otro de San Francisco. Los investigadores llaman a este estilo barroco mestizo, porque en cada relieve se nota la mano de quienes lo labraron.

Jalpan, el corazón del circuito misional

La misión de Santiago de Jalpan fue la primera en levantarse, entre 1751 y 1758, y mira de frente a la plaza principal. Su fachada combina el ocre de las pilastras con detalles color azafrán; en lo alto aparecen la Virgen del Pilar y la Virgen de Guadalupe, y un águila bicéfala resume el encuentro de dos mundos. El nombre del pueblo viene del náhuatl xalli, arena, y pan, sobre: lugar sobre arena. El apellido de Serra se le añadió en 1976, y en 2010 Jalpan recibió el nombramiento de Pueblo Mágico.

A solo 1.5 kilómetros del centro está la Presa Jalpan, declarada sitio Ramsar el 2 de febrero de 2004 por su importancia como humedal; la Conanp reporta cerca de 140 especies de aves en sus inmediaciones, y ahí se puede remar en kayak o pasear en lancha. En el pueblo, el Museo Histórico de la Sierra Gorda reúne piezas prehispánicas, mapas y documentos, y a unos 13 kilómetros espera la zona arqueológica de Tancama, que de acuerdo con el INAH abre todos los días de 9:00 a 16:00 horas con entrada gratuita.

Landa, Tilaco, Tancoyol y Concá: cuatro fachadas, cuatro historias

Santa María del Agua de Landa, a unos 20 kilómetros de Jalpan sobre la carretera 120, fue la última en construirse, entre 1760 y 1768; su portada, dedicada a la Ciudad de Dios, reúne a Cristo, arcángeles, apóstoles y mártires. San Francisco del Valle de Tilaco, levantada entre 1754 y 1762 en una pendiente, es la mejor conservada: entre ángeles y mazorcas de maíz asoman cuatro sirenas de rasgos indígenas, y en una esquina del atrio sobrevive una de las capillas posas más completas de la región.

Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol tiene la fachada más elaborada de las cinco, cubierta de espigas de trigo y vegetación, con el tema de la misericordia; en su interior aparece la figura de un jaguar. San Miguel Concá, a 40 kilómetros de Jalpan, en Arroyo Seco, es la más pequeña y se terminó hacia 1754: su portada luce un sol y una luna, grandes flores y, en lo alto, junto a la Santísima Trinidad, un conejo, símbolo pame, y un águila de dos cabezas. Concá, en lengua pame, quiere decir conmigo.

Cuándo ir a la Sierra Gorda y cómo llegar

Desde la ciudad de Querétaro, la ruta principal es la carretera federal 120: la Conanp calcula unos 184 kilómetros hasta Jalpan y la Secretaría de Turismo estatal estima alrededor de 3 horas con 15 minutos de manejo. Desde la Ciudad de México se toma la autopista 57D hasta San Juan del Río, donde arranca la 120. El camino es de montaña, con curvas cerradas, y en la parte alta la neblina reduce la visibilidad, así que conviene salir temprano, cargar gasolina y revisar el estado de la carretera; también hay autobuses desde Querétaro. Si el viaje empieza en la capital del estado, vale la pena una pausa en Bernal y su peña monumental antes de subir a la sierra.

En la mesa serrana manda lo local: la Secretaría de Turismo federal destaca la cecina, las enchiladas serranas, las gorditas de horno, el pan de pulque y el zacahuil, acompañados de atole de maíz de teja o de guayabilla. Lo ideal es dedicar al menos dos días para ver las cinco misiones sin prisa. Y si el cuerpo pide más carretera, la 120 continúa hacia Xilitla, ya en la Huasteca potosina, tierra donde en estas fechas se prepara el Xantolo, la fiesta de muertos huasteca. Pero antes de seguir, hay que quedarse un rato en el atrio de alguna misión, cuando la luz de la tarde enciende el estuco y la sierra entera parece guardar silencio.

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