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El país contado a colores

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Tlacotalpan: portales de colores a la orilla del río Papaloapan

Tlacotalpan, Patrimonio Mundial en Veracruz: recorre sus portales de colores, sus plazas y museos, prueba sus sabores ribereños y aprende cómo llegar.

Por Redacción México Lindo 4 de octubre de 2026 Lectura: 5 min
Ilustración de una calle de Tlacotalpan con portales de columnas pintados de azul, amarillo, verde y rosa, techos de teja roja y el río Papaloapan al fondo con lanchas
Imagen ilustrativa generada con IA

Por Xóchitl Manzanares

Temprano, cuando el sol apenas sube sobre el río Papaloapan, Tlacotalpan se despierta despacio. Las lanchas de los pescadores se mecen junto al malecón, el aire huele a agua dulce y a madera mojada, y en las calles que corren paralelas a la ribera las fachadas se van encendiendo una por una: azul, verde, amarillo, rosa, lila. Son casas de un solo piso, con techos de teja roja y portales de columnas que dan sombra a quien camina. Basta recorrer una cuadra para entender por qué esta ciudad veracruzana fue inscrita como Patrimonio Mundial por la UNESCO el 2 de diciembre de 1998.

El nombre viene del náhuatl y suele traducirse como “tierra entre las aguas”, una descripción exacta para un puerto que creció tierra adentro, a la orilla de un río y no frente al mar. Los españoles lo fundaron hacia mediados del siglo XVI y su mayor esplendor llegó en el siglo XIX, cuando el comercio fluvial la conectó con otras ciudades de México y del extranjero. Por eso a Tlacotalpan se le conoce como la Perla del Papaloapan.

Tlacotalpan, un puerto de río que se pintó de colores

La paleta que hoy enamora a los fotógrafos tiene una historia concreta. Tras los incendios de 1788 y 1790, las autoridades ordenaron que las casas se construyeran de mampostería y con distancias regulares para evitar que el fuego saltara de una a otra. Desde entonces se adoptó el estilo neoclásico, pero los habitantes lo hicieron suyo con hasta cinco colores distintos en una misma fachada, según documenta el Instituto Nacional de Antropología e Historia. El resultado es una ciudad homogénea en su forma y alegre en su color.

Conviene caminar sin prisa y mirar los detalles. Las arcadas de los portales se sostienen con pilares muy distintos entre sí: desde vigas sencillas hasta columnas estriadas con bases ornamentadas y cornisas molduradas. Detrás de muchas puertas hay patios interiores de influencia andaluza, y en plazas y jardines crecen árboles maduros que refrescan la tarde. La traza es una cuadrícula: las calles principales siguen el curso del río y las transversales bajan hacia él, así que perderse aquí es casi imposible.

Qué ver en Tlacotalpan: plazas, templos, museo y teatro

El corazón de la ciudad es la Plaza Zaragoza, con piso de mármol, palmeras y un quiosco del siglo XIX. A un costado se levanta el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria, construido a finales del siglo XVIII, y muy cerca está la Parroquia de San Cristóbal, de estilo neoclásico, con un reloj en su torre. El Palacio Municipal resguarda óleos de Salvador Ferrando, el pintor tlacotalpeño que retrató a sus vecinos y los paisajes de su ciudad.

La casa donde vivió ese artista es hoy el Museo Jarocho Salvador Ferrando, frente al Parque Hidalgo, una vivienda típica del siglo XIX con muebles tradicionales, objetos personales y buena parte de su obra; la ficha oficial del Sistema de Información Cultural reporta entrada general de 20 pesos, aunque conviene confirmar horarios antes de ir. Sobre la avenida Venustiano Carranza está el Teatro Nezahualcóyotl, de 1891, que todavía conserva su planta en forma de herradura. Y en la plazuela que lleva el nombre de Agustín Lara una estatua recuerda al músico poeta que Tlacotalpan considera suyo.

El río Papaloapan, el mejor mirador de la ciudad

Papaloapan significa “río de las mariposas”, y es el gran protagonista del paisaje. El malecón, bordeado de restaurantes, es el lugar para sentarse a ver pasar el agua y las embarcaciones pesqueras. Desde la ribera salen paseos en lancha que recorren el río y permiten asomarse a la vida de las comunidades vecinas, con sus muelles de madera y su vegetación tupida. Al atardecer, cuando el cielo se tiñe de naranja, la vista desde la orilla resume todo el encanto de este rincón del Golfo.

Sabores ribereños: arroz a la tumbada, torito y dulces

La cocina de Tlacotalpan es de río y de mar. En las fondas del malecón aparecen el caldo de mariscos y el de pescado, el arroz a la tumbada cargado de camarón, pulpo, jaiba y almejas, y el mondongo, especialidades que el propio INAH reconoce en la comida ribereña local, además de las tostadas de minilla. Para refrescarse está el agua de jobo, una fruta tropical de sabor ácido, y para la sobremesa, el torito, bebida jarocha de leche y aguardiente con cacahuate o fruta. Los dulces de leche, coco, almendra, cacahuate y mamey son el recuerdo perfecto para llevar a casa.

Cuándo ir y cómo llegar a Tlacotalpan

La fiesta grande es la de la Virgen de la Candelaria, del 31 de enero al 9 de febrero, con cabalgatas, el paseo de la imagen por el río Papaloapan, veladas de jarana, fandango y el desfile de las mojigangas. También hay celebraciones en honor a San Miguelito a finales de septiembre y La Rama, que empieza el 16 de diciembre con cantos e improvisación de versos por las calles. Si prefieres una ciudad tranquila, cualquier otro fin de semana del año permite recorrerla con calma; lleva sombrero, agua y ropa fresca, porque el calor húmedo de la cuenca se siente.

Tlacotalpan está a unos 100 kilómetros del puerto de Veracruz. En autobús, la línea TRV ofrece corridas desde la Central de Autobuses de Veracruz entre las 6:00 y las 21:00 horas, según la información turística del municipio. En auto, la ruta recomendada por el propio ayuntamiento sale por Paso del Toro rumbo a Alvarado, cruza el puente sobre la desembocadura del Papaloapan y después toma la desviación hacia la ciudad; desde la Ciudad de México son alrededor de 500 kilómetros.

Un último consejo: muchas de esas casas de colores siguen habitadas, así que vale la pena fotografiar con respeto y sin invadir portales ni ventanas. Si te quedas con ganas de más Veracruz, en México Lindo también te contamos la historia de Quiahuiztlan, la ciudad totonaca frente al mar y el pasado virreinal de Zozocolco. Tlacotalpan, mientras tanto, seguirá esperando a la orilla del río, con sus portales abiertos y su sombra generosa.

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