Alebrijes: del sueño de Pedro Linares a los talleres de Oaxaca
Los alebrijes nacieron de un sueño de Pedro Linares en 1936 y hoy se tallan en copal en Oaxaca. Conoce su historia y el desfile monumental de octubre en CDMX.
Por Marisol Escandón
En un taller de los Valles Centrales de Oaxaca huele a madera recién cortada. Sobre la mesa se amontonan virutas claras, botes de pintura abiertos y pinceles tan delgados como una pestaña. Una figura todavía sin color, con cuerpo de lagarto y cola enroscada, espera su turno junto a otra ya terminada: un jaguar con alas cubierto de puntos fucsia, grecas turquesa y rayas amarillas que se repiten con una paciencia casi matemática. Nadie ha visto nunca un animal así en el monte. Y, sin embargo, en México sabemos bien cómo se llaman estas criaturas: alebrijes.
Los alebrijes son criaturas fantásticas que mezclan partes de distintos animales y se cubren de colores intensos, y su origen tiene fecha y autor. No vienen de un códice ni de una leyenda prehispánica, como a veces se cree, sino de la imaginación de un artesano de la Ciudad de México que, en 1936, soñó con ellos. Desde entonces han viajado del cartón a la madera, de La Merced a Oaxaca y de los mercados a los museos del mundo.
Pedro Linares y el sueño que inventó una palabra
Pedro Linares López nació en 1906 y era cartonero de oficio: fabricaba piñatas, máscaras de carnaval y judas de papel maché que se vendían en mercados como el de La Merced. Hacia los 30 años enfermó gravemente y, en medio de la fiebre, cayó en un sueño profundo. Según su propio relato, caminaba por un lugar parecido a un bosque, con árboles, rocas y nubes que de pronto se transformaron en animales desconocidos: un burro con alas de mariposa, un gallo con cuernos de toro, un león con cabeza de águila. Todos gritaban la misma palabra, que no existía: “¡alebrijes!”.
Al recuperarse, Linares se dedicó a reproducir en cartón y papel maché aquellas criaturas, a las que llamó con el nombre que había escuchado. Su trabajo fue ganando admiradores dentro y fuera del país, y la cartonería de su familia se volvió una referencia del arte popular. En 1990 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Artes y Tradiciones Populares, y murió en enero de 1992. Sus hijos y nietos continuaron el oficio.
Cómo los alebrijes llegaron a Oaxaca y se tallaron en copal
La segunda vida de los alebrijes comenzó en la década de 1980. La cineasta Judith Bronowski organizó en Estados Unidos un taller itinerante de demostración de artesanías mexicanas en el que coincidieron Pedro Linares y el tallador oaxaqueño Manuel Jiménez Ramírez, originario de San Antonio Arrazola. Los Valles Centrales ya tenían una larga tradición de tallar figuras de animales en madera, y Jiménez adaptó aquellos diseños de papel a la madera de copal, que se trabaja con machete y cuchillos antes de lijarse y pintarse.
La técnica se extendió a otros pueblos, sobre todo a San Martín Tilcajete y La Unión Tejalapan, y se convirtió en una fuente de ingresos para numerosas familias que tallan, pintan y venden sus piezas en talleres, plazas y mercados de la región. En Tilcajete, a unos 25 kilómetros de la capital oaxaqueña, varios talleres abren sus puertas a los visitantes; algunos, como el de Jacobo y María Ángeles, prefieren llamar a sus figuras tonas y nahuales, inspiradas en el calendario zapoteco y en los animales protectores que, según la tradición, acompañan a cada persona.
Madera, pintura y paciencia: así se hace un alebrije
Cada pieza de madera pasa por varias etapas. Primero se talla en verde, cuando la madera todavía está húmeda, porque así se evita que se raje; luego se deja secar durante días o semanas, se resanan las grietas y se lija. Después viene lo más llamativo: la pintura, que en muchos talleres se aplica con pintura vinílica y en otros con pigmentos de origen natural, en capas sucesivas de color base, líneas, puntos y grecas. Entre talla, secado y pintura, las piezas más elaboradas pueden llevar meses de trabajo.
El éxito de los alebrijes también trajo un reto: la demanda de madera de copal ha reducido los árboles silvestres en la región, y los esfuerzos de reforestación y manejo han tenido resultados limitados. Por eso conviene preguntar en los talleres de dónde proviene la madera y valorar el trabajo de quienes siembran y cuidan sus propios árboles. Comprar directamente a las familias artesanas es una forma de que ese dinero se quede en la comunidad.
El Desfile de Alebrijes Monumentales 2026 en la Ciudad de México
Los alebrijes de cartón, los de Linares, también tienen su gran fiesta. Desde 2007, el Museo de Arte Popular organiza en la capital el Desfile y Concurso de Alebrijes Monumentales, conocido como La Noche de los Alebrijes. La edición número 18 será el sábado 17 de octubre de 2026 a las 12:00 horas: saldrá del Zócalo y avanzará por 5 de Mayo, avenida Juárez y Paseo de la Reforma hasta la Columna de la Independencia. Al público se le permite asistir disfrazado.
Al terminar el recorrido, las piezas quedarán en exhibición gratuita sobre las aceras norte y sur de Reforma, entre el Ángel de la Independencia y la Estela de Luz, hasta las 20:00 horas del domingo 8 de noviembre. La premiación será el 24 de octubre en el Museo de Arte Popular: el primer lugar recibirá 70 mil pesos, el segundo 50 mil, el tercero 40 mil y habrá once menciones honoríficas de 10 mil pesos cada una.
Si te gusta descubrir el arte que se hace a mano, en México Lindo también te contamos cómo se pinta la Talavera de Puebla con azul cobalto y qué guarda el Festival Cultural del Hongo de Oaxaca. Los alebrijes, mientras tanto, seguirán naciendo en los talleres, con la misma mezcla de oficio y sueño que un día tuvo un cartonero de La Merced.


