Rebozo de Santa María del Río: seda, jaspe y empuntado
El rebozo de Santa María del Río se teje en seda y telar de cintura, con jaspe teñido a mano y empuntado de nudos. Su historia, su escuela y su feria.
Por Marisol Escandón
En el taller se oye un golpeteo seco y constante: es la madera del telar de cintura que aprieta, hilo por hilo, una tela tan fina que deja pasar la luz. Sobre la mesa esperan madejas teñidas de azul profundo, guinda y café, todavía con las marcas blancas de los amarres que guardaron el color en su sitio. El paño crece despacio, salpicado de puntitos que parecen gotas de lluvia, y en otra silla una mujer anuda flecos con dedos rápidos. Así nace el rebozo de Santa María del Río, la prenda que convirtió a este pueblo potosino en sinónimo de seda.
Santa María del Río está en el sur de San Luis Potosí y, según su gobierno municipal, fue fundada el 15 de agosto de 1542 por Juan de Santa María, cacique de Jilotepec, en tierras de otomíes y guachichiles. Su tradición rebocera es tan antigua y tan viva que en 2001 los reboceros y reboceras del municipio recibieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Artes y Tradiciones Populares. El 1 de diciembre de 2020, además, el pueblo fue nombrado Pueblo Mágico, con el rebozo como su carta de presentación.
Cómo se teje un rebozo de Santa María
Cada pieza pasa por dos pares de manos. La primera persona devana la fibra, la urde, pepena el diseño, amarra los hilos, los tiñe y teje la tela; la segunda hace el empuntado o rapacejo, los flecos anudados a mano que cuelgan en las puntas. La técnica de teñido es el jaspe, conocido en el mundo como ikat: antes de tejer, las partes del hilo que no deben tomar color se amarran con algodón, la madeja se sumerge en el tinte caliente y luego se desata con navaja. Al cruzar esos hilos en el telar aparece el dibujo moteado que distingue a la prenda.
La ficha del Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura enumera las herramientas del oficio: devanador, encanillador, urdidor, navaja, telar de cintura y banco. Los materiales son seda, artisela y algodón, con tintes naturales o químicos, y los tamaños tradicionales van del rebozo ratón al mediano y al grande. En Santa María del Río nació el famoso rebozo de bolita, y también se tejen el de barbilla, el palomo y la chalina de un solo color. Los diseños tienen nombres de paisaje y de golosina: lloviznas, grecas, caramelos, peinecillos, flechas y corazones.
El oficio ha dado maestras y maestros reconocidos. Isabel Rivera y Julia Sánchez han sido reconocidas como Maestras del Arte Popular por Fomento Cultural Banamex, y Arturo Estrada Hernández, que entró a los 9 años al taller en agosto de 1979, ha llevado la técnica a piezas de autor. En un comunicado de la Secretaría de Cultura federal de 2020, él explicaba que una pieza convencional se urde en dos partes, onda y jaspe, mientras que en sus creaciones llega a urdir, amarrar y teñir en diez. Usa colorantes como grana cochinilla, añil, nogal y cempasúchil, y una de esas obras puede tomarle alrededor de un año.
La Escuela Taller y la Casa del Rebozo
El corazón de esta herencia está en la Escuela Taller de Rebocería, fundada en 1953, que funciona dentro de la Casa del Rebozo, en la plaza central del pueblo. El museo muestra, de forma didáctica, los procesos de producción, los diseños tradicionales y contemporáneos y el arte del empuntado, además de piezas de otras regiones potosinas, de los bordados huastecos a los tejidos de palma. La escuela mantiene cursos para aprender a urdir y amarrar y otro dedicado al empuntado, impartido por una empuntadora. En 1993, un curso de la investigadora Ana Roquero ayudó a rescatar el uso de tintes naturales.
Visitar el taller es entender el valor de lo que se compra. Un rebozo de seda no se hace en un día ni en una semana, y su precio refleja horas de urdido, amarres, baños de tinte y nudos contados. Por eso, quien adquiere uno en Santa María del Río suele considerarlo parte de su ajuar y de su herencia familiar, como recuerda la ficha cultural oficial. Lo mismo ocurre con otros textiles mexicanos de autor, como el bordado de Tenango de Doria: comprar directo al taller sostiene a quien teje y garantiza autenticidad.
Visitar Santa María del Río y su feria
El municipio calcula unos 55 kilómetros, cerca de 40 minutos por la carretera 57, desde la capital potosina, y unos 360 kilómetros desde la Ciudad de México. En la plaza conviven la Casa del Rebozo, la iglesia de la Asunción y la Torre del Reloj; a las afueras está el paraje El Salto. El momento de mayor fiesta es agosto, cuando se celebra la Feria Regional del Rebozo en torno al día de la Virgen de la Asunción, patrona del pueblo; en 2026 fue inaugurada el primer fin de semana del mes. El resto del año los talleres familiares reciben visitantes con calma.
El rebozo de Santa María es patrimonio vivo porque se sigue usando: antes se llevaba al salir de casa y para ir a la iglesia, y hoy los artesanos lo proponen también como prenda de moda, con muchas formas de portarlo. Quien viaje por San Luis Potosí puede seguir la ruta de sus tradiciones hacia el oriente, hasta el Xantolo de la Huasteca potosina, o mirar cómo otras manos guardan técnicas igual de minuciosas, como la laca de Olinalá. Envolverse en un rebozo tejido aquí es llevar sobre los hombros siglos de paciencia potosina.


