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Xilitla: el Jardín Surrealista de Edward James en la Huasteca potosina

Xilitla guarda en la selva potosina el jardín surrealista de Edward James: escaleras al cielo, flores de concreto, pozas, horarios, precios y cómo llegar.

Por Redacción México Lindo 12 de octubre de 2026 Lectura: 5 min
Ilustración de una escalera de concreto en espiral que sube hacia el cielo entre la selva de Xilitla, con columnas en forma de flor, arcos cubiertos de musgo y una cascada que cae en pozas color verde jade
Imagen ilustrativa generada con IA

Por Xóchitl Manzanares

La neblina sube desde la cañada como un vapor tibio y se enreda entre los helechos. Huele a tierra mojada y a café recién tostado en algún patio cercano, y el rumor del agua llega antes que la vista: abajo, entre la selva, un arroyo cae en pozas de color verde jade. De pronto, entre las ramas, asoma una columna de concreto con forma de flor gigante, luego un arco que no sostiene nada y una escalera que sube hacia el cielo y simplemente termina. Así recibe Xilitla, el Pueblo Mágico de la Huasteca potosina donde el poeta británico Edward James levantó, en plena selva, el jardín surrealista más famoso de México.

Su nombre oficial es Jardín Escultórico Edward James, Las Pozas, aunque en el pueblo todos le dicen simplemente Las Pozas. La Secretaría de Cultura federal lo describe como el espacio surrealista más importante del país, un lugar donde las estructuras dialogan con la selva, y desde 2012 tiene la categoría de Monumento Artístico de la Nación. Recorrerlo es entrar a un sueño de concreto que la humedad, el musgo y las raíces siguen pintando de verde.

Edward James, el mecenas que eligió Xilitla

Edward Frank Willis James fue un poeta, artista y coleccionista inglés que respaldó a pintores como Salvador Dalí, Max Ernst y René Magritte en los años dorados del surrealismo. En 1947 compró una finca cafetalera cerca de Xilitla y la registró a nombre de su amigo Plutarco Gastélum, quien se convertiría en el encargado de dar forma y continuidad a sus ideas. Durante los primeros años, el terreno fue un vivero de orquídeas, miles de ellas, y hogar de animales exóticos como venados, ocelotes, serpientes y flamencos.

Todo cambió en 1962, cuando una helada sin precedentes mató buena parte de las orquídeas. James decidió entonces construir flores que no pudieran morir. Con carpinteros, albañiles y jardineros de la región, más de 150 personas según la fundación que hoy cuida el sitio, comenzó a levantar estructuras de concreto armado que se vaciaban en cimbras de madera talladas con formas de tallos, hojas y pétalos. La obra se detuvo en 1984, con la muerte de su creador, y el jardín abrió al público en 1991.

Qué ver en el jardín surrealista de Xilitla

El predio suma 37 hectáreas dedicadas a la conservación de la selva, y de ellas unas 9 forman el jardín escultórico, con más de 28 estructuras y esculturas. Entre las más queridas están la Escalera al Cielo, que gira en espiral y se queda suspendida en el aire; la Casa de tres pisos que podrían ser cinco, también llamada de las Chimeneas, con terrazas abiertas hacia la cascada; el Palacio de Bambú, la Plaza San Eduardo y el Puente Roto. Abajo, el arroyo forma las pozas escalonadas que dan nombre al lugar, y el sonido del agua acompaña todo el recorrido.

Hay detalles que se descubren solo con calma. La Cabaña de Don Eduardo, donde James dormía, trabajaba y convivía con sus mascotas, conserva en una de sus paredes un poema inspirado en el jardín, restaurado en 2009. Y el Acuerdo 658 de la Secretaría de Educación Pública, que declaró monumento artístico el Conjunto Escultórico de Xilitla, recuerda que Leonora Carrington visitó la propiedad entre 1964 y 1967 y dejó ahí un mural al fresco de 2.55 metros de alto: una figura femenina con cabeza de animal que parece salida de sus cuentos. Desde 2007, el sitio pertenece a la Fundación Pedro y Elena Hernández, que trabaja para conservar las esculturas y el ecosistema.

Xilitla más allá de Las Pozas: convento, café y Leonora Carrington

El pueblo merece al menos una tarde. Su plaza principal está presidida por el exconvento agustino de 1557, que la Secretaría de Turismo federal señala como el edificio más antiguo de San Luis Potosí, y no es raro escuchar huapangos huastecos en sus alrededores. El nombre viene del náhuatl y se traduce como entre los caracolillos o lugar de chile; los huastecos lo llamaban Taziol. Xilitla recibió el nombramiento de Pueblo Mágico el 12 de diciembre de 2011, con la escritora Elena Poniatowska como invitada de honor.

A unos pasos del centro está el Museo Leonora Carrington Xilitla, inaugurado el 19 de octubre de 2018: poco más de 800 metros cuadrados con 63 esculturas, máscaras de bronce, tapices, grabados y litografías que el hijo de la artista, Pablo Weisz, dejó en comodato. En el pueblo también se puede conocer El Castillo, la casa de aire gótico ligada a la familia Gastélum, donde James pasó largas temporadas y que hoy funciona como posada. Para la mesa, la tradición manda enchiladas huastecas con cecina, carnitas, chicharrones, atole de elote o de piña, dulce de chayote y, por supuesto, el café que se cultiva en estas laderas.

Cómo llegar a Xilitla y cuándo visitar Las Pozas

El jardín abre de miércoles a lunes de 9:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:00, y cierra todos los martes por conservación. En taquilla, la entrada general cuesta 180 pesos; niñas y niños de 6 a 12 años y adultos mayores de 65 con credencial del Inapam pagan 120, y los menores de 6 entran sin costo. La visita guiada es obligatoria: 30 pesos por persona en español y 60 en inglés, en grupos de hasta 25 personas y con duración de una hora y media. Como el cupo es limitado, conviene reservar horario con anticipación en el sitio oficial del jardín, usar calzado cerrado y llegar temprano, cuando la neblina todavía cuelga de los árboles.

Xilitla está a poco más de 80 kilómetros de Ciudad Valles, la base clásica para recorrer la Huasteca. Desde Querétaro o la Ciudad de México, la carretera federal 120 cruza la Sierra Gorda y permite hacer una pausa en las misiones franciscanas de la Sierra Gorda antes de bajar a la selva potosina; también hay autobuses desde la Terminal del Norte. Es un camino de montaña, con curvas y neblina frecuente, así que lo mejor es manejar de día. Y si el viaje cae a finales de octubre o en noviembre, la región entera se prepara para el Xantolo, la fiesta de muertos huasteca. Pero antes de seguir, vale la pena quedarse un rato frente a la Escalera al Cielo, escuchar la cascada y entender por qué un poeta eligió este rincón para construir sus sueños.

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