Árbol de la vida de Metepec: el barro que florece en color
El árbol de la vida de Metepec convierte el barro y la flor de tule en un Edén policromado. Su historia, los Soteno, cómo se hace y el Festival Quimera.
Por Marisol Escandón
En el taller, el barro rojo huele a tierra recién llovida y a humo de horno de leña. Sobre la mesa reposa un árbol que no da sombra: sus ramas son de arcilla y de ellas cuelgan soles amarillos, lunas sonrientes, flores rosas, hojas verdes y pájaros de todos los colores. Al centro, Adán y Eva miran a la serpiente enroscada en el tronco, y en lo alto, Dios Padre lo observa todo. Así es el árbol de la vida de Metepec, la pieza de barro policromado que convirtió a este Pueblo Mágico del Valle de Toluca en uno de los grandes centros alfareros de México.
Metepec vive del barro y para el barro. La Secretaría de Turismo federal calcula que en el municipio hay más de 300 artesanos y 270 familias dedicadas a la alfarería, su principal actividad. Basta caminar por sus calles empedradas para ver soles de pared, sirenas, calaveras, nacimientos y, sobre todo, árboles de todos los tamaños, desde los que caben en la palma de la mano hasta los que superan la estatura de una persona.
Qué es el árbol de la vida de Metepec
El Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Secretaría de Cultura registra al árbol de la vida de Metepec como una técnica artesanal transmitida en familia. En sus inicios, explica la ficha, representaba la escena bíblica del Génesis: el jardín del Edén con Adán y Eva separados por el tronco, la serpiente, Dios Padre en la parte superior, el Sol y la Luna a los costados, y flores, frutos, hojas y aves que completan el paraíso. Por eso se le reconoce también como un antiguo auxiliar para explicar la doctrina cristiana, que cada artesano narra a su manera.
Su origen tiene varias versiones y, como advierte la propia ficha, ninguna cuenta con soporte documental definitivo; muchas familias alfareras lo relacionan con los antiguos candeleros de barro. Lo que sí se sabe es que la alfarería del valle tiene raíces prehispánicas, con vestigios hallados en el Cerro de los Magueyes, y que se mezcló con la cerámica religiosa de la Nueva España. Hasta principios del siglo XX, el barro de Metepec era sobre todo utilitario; fue en la década de 1930 cuando el árbol de la vida se adoptó como emblema de la región, gracias a su aceptación como obra de arte popular fuera del municipio.
Del barro rojo al color: cómo nace cada pieza
Todo empieza con la tierra. Los alfareros extraen la arcilla de yacimientos de la región, la secan, la pulverizan y la mezclan con agua y con la plumilla de la flor de tule, una técnica de herencia prehispánica que da cuerpo al barro y evita que se quiebre. Con esa masa se modelan el tronco, las ramas y cada figura; las hojas, flores y personajes se añaden con pastillaje, pegándolos uno a uno. Después, el sol se encarga de quitar la humedad antes de que la pieza entre al horno, donde se cuece a baja, media o alta temperatura.
El último paso es el color, aplicado a mano con pinceles finos: rosa mexicano, amarillo, turquesa, naranja y verde que hacen brillar cada detalle. La tradición, sin embargo, enfrenta retos. La ficha de patrimonio señala que la plumilla de tule escasea por la contaminación y la desecación de las zonas lacustres y hoy llega desde sitios lejanos; también menciona la producción en serie y la venta de piezas baratas de otras regiones que no siguen el proceso tradicional. Por eso, comprar directamente en los talleres es una forma concreta de cuidar el oficio.
Los Soteno y las manos que sostienen la tradición
Si hay un apellido ligado al árbol de la vida es Soteno. La familia, con cuatro generaciones en el oficio, reconoce como pionera a Modesta Fernández Mata, quien comenzó a trabajar el barro desde niña y fue la primera de la casa en recibir reconocimiento local; hoy un concurso de alfarería de Metepec lleva su nombre. Su hijo, el maestro Tiburcio Soteno Fernández, llevó los árboles a nuevos temas, como la Independencia, la Revolución Mexicana o La divina comedia, y una de sus piezas, Encuentro de dos mundos, forma parte del acervo del Museo Británico.
La nueva generación también tiene voz propia. Israel Soteno Ambrosio, hijo de Tiburcio y nieto de doña Modesta, ganó a los 12 años el primer lugar del Concurso de alfarería Modesta Fernández y ha participado en exposiciones como Esto somos. Arte mexicano vivo, en 2024. Además de los Soteno, decenas de familias trabajan en barrios como San Mateo, Espíritu Santo, San Miguel, Santiaguito, Coaxustenco y Santa Cruz, y en el Centro de Exposición y Venta Artesanal ofrecen sus piezas sin intermediarios. Es la misma lógica de herencia familiar que sostiene otras joyas del arte popular, como la Talavera de Puebla o los alebrijes de Pedro Linares.
Visitar Metepec en octubre: Quimera, Tlanchana y talleres
Metepec es Pueblo Mágico desde 2012 y su centro guarda el Ex Convento de San Juan Bautista, del siglo XVI y con fachada barroca, y el Templo del Calvario, neoclásico del siglo XVIII, en lo alto del Cerro de los Magueyes. En la plaza aguarda la Tlanchana, personaje de la imaginería indígena que, según la tradición, aparecía entre las aguas de los manantiales y que los españoles comparaban con las sirenas. Esta semana el pueblo se llena de música: la edición 36 del Festival Internacional de Arte y Cultura Quimera se realiza del 13 al 18 de octubre de 2026, con acceso gratuito y sedes como la Plaza Juárez, las Escalinatas del Calvario, el Museo del Barro, el exconvento y el mercado artesanal.
Desde la Ciudad de México, el Tren Interurbano El Insurgente tiene estación en Metepec; con las tarifas anunciadas en febrero de 2026, el viaje desde Observatorio cuesta 80 pesos. Antes de comprar, conviene preguntar al artesano por el significado de cada figura, pedir que envuelva bien la pieza y transportarla con cuidado, porque el barro es frágil. Y si el paseo se extiende a la vecina Toluca, en estas fechas la Feria del Alfeñique muestra otra cara del arte popular mexiquense. Al final, un árbol de la vida en casa es eso: un pedazo de tierra de Metepec que florece para siempre en color.


