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Arte wixárika: chaquira, estambre y visiones sobre cera

El arte wixárika convierte chaquira y estambre en venados, maíz y peyote sobre cera de Campeche. Su origen ritual, sus maestros y dónde conocerlo.

Por Redacción México Lindo 15 de octubre de 2026 Lectura: 4 min
Ilustración inspirada en el arte wixárika: un venado estilizado de grandes astas y ojos verdes, formado con cuentas y estambre en tonos rojo, naranja y azul, rodeado de flores amarillas y anaranjadas sobre un fondo azul intenso
Imagen ilustrativa generada con IA

Por Marisol Escandón

Sobre la mesa hay una jícara llena de cuentas diminutas: magenta, turquesa, amarillo limón, naranja, verde perico. La punta de una aguja levanta una sola chaquira y la presiona sobre una capa de cera tibia que cubre la madera; luego otra, y otra más, siguiendo un dibujo apenas trazado. Poco a poco aparece un venado de grandes astas, una mazorca, una flor de peyote, un sol que parece vibrar. El color brilla tanto que casi se escucha. Así se construye, cuenta por cuenta, el arte wixárika, una de las expresiones más luminosas y profundas del arte popular mexicano.

Los wixaritari, conocidos también como huicholes, viven en la Sierra Madre Occidental, en comunidades de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas, y cada año peregrinan hasta Wirikuta, el desierto sagrado de San Luis Potosí cercano a Real de Catorce. Su arte no nació para decorar salas: nació como lenguaje para hablar con los dioses, y aunque hoy se vende en galerías de México y del extranjero, conserva ese pulso espiritual en cada figura.

Del nierika ritual a las tablas del arte wixárika

El origen está en el nierika o nearika, un objeto ritual que, según el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura, sirve como vehículo para ver y comunicarse con las deidades y pedirles lluvia, salud y bienestar. Pueden ser jícaras o pequeñas tablas cubiertas con cera, sobre las que se pegan estambre o chaquira. A principios del siglo XX, el explorador noruego Carl Lumholtz ya describía esas tablitas en las que se fijaban perlitas y estambres de colores con cera de abeja.

El gran cambio llegó en la década de 1960. La misma ficha de la Secretaría de Cultura relata que Alfonso Soto Soria convivió con los wixaritari y les sugirió plasmar sus vivencias y visiones en tablas de triplay más grandes que las ofrendas rituales. Así nació una forma de comunicación intercultural que acercó su cosmovisión a quienes no son huicholes. Uno de los pioneros de esas tablas fue José Benítez Sánchez, quien obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Artes y Tradiciones Populares en 2003 y falleció el 1 de junio de 2009.

Cera de Campeche, estambre y chaquira: la técnica

La técnica pide paciencia de relojero. El Centro de Investigación Wixárika explica que las tablas de estambre se hacen sobre triplay cubierto con una capa pareja de cera de abeja; encima se inscribe el diseño y se presionan hilos finos de lana o acrílico. Normalmente se resuelven primero los márgenes, después las figuras principales y al final se rellena el fondo, con uno o dos hilos a la vez. En las piezas de chaquira, que los wixaritari llaman kuka, cada cuenta se coloca una por una con ayuda de una aguja sobre la cera de Campeche, hasta cubrir por completo la superficie. La Secretaría de Cultura registra esta producción de jícaras y tablas rituales en lugares como Huejuquilla el Alto, en el norte de Jalisco.

Esa cera, sin embargo, se ha vuelto difícil de conseguir en los últimos años, advierte la ficha oficial. De ahí también el valor de cada pieza auténtica. La chaquira saltó además a objetos de todo tipo: jícaras, figuras de animales, máscaras, aretes y collares. El ejemplo más famoso es el Vochol, un Volkswagen Sedán que en 2010 ocho artesanos wixaritari cubrieron con más de dos millones de cuentas de colores.

Venados, maíz y peyote: cómo leer una pieza

Mirar con calma una pieza wixárika es como leer un relato. El venado, al que llaman hermano mayor, ocupa un lugar central en su cosmovisión, junto con el maíz y el peyote o hikuri, que en su mitología están unidos como una misma sustancia sagrada. Kauyumari, el venado asociado a la palabra y compañero de los chamanes, aparece con frecuencia, igual que soles, serpientes de agua y flores. Muchas tablas de estambre incluyen al reverso una explicación de la simbología, para que quien la compra entienda parte del mensaje. Como pasa con el bordado de Tenango de Doria o con los alebrijes de Pedro Linares, cada color y cada figura cargan una historia.

Dónde conocerlo y cómo comprar con respeto

Un buen punto de partida es el Museo Etnográfico Huichol Wixárika de Zapopan, inaugurado el 25 de julio de 1998 en la antigua Sala Capitular, anexa a la Basílica de Zapopan, en Jalisco. Ahí se exhiben piezas de chaquira de uso ritual, instrumentos musicales y máscaras talladas, y se venden morrales, collares, pulseras y bolsas elaboradas por artesanos de este pueblo. El Museo Nacional de Culturas Populares también resguarda una colección de arte huichol con tablas enchaquiradas de la década de 1970. Además, el arte huichol figura en el inventario del patrimonio cultural inmaterial de México, que documenta cómo familias wixaritari viajan hasta Nuevo León para vender sus piezas: la producción artesanal migra con sus creadores, con su herencia y con sus materiales.

Al comprar, prefiere el trato directo con artesanas y artesanos wixaritari o con tiendas que trabajen con ellos, pregunta por el significado de la pieza y paga lo justo por horas y horas de trabajo minucioso. Desconfía de objetos con apariencia huichola fabricados en serie. Cuando una tabla de cera y color llega a casa, no es solo un adorno: es una ventana a la manera en que un pueblo ve el mundo y lo comparte.

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